Tras un letargo tan prolongado como preocupante, por fin son oficiales los carteles de las Corridas Generales de la Aste Nagusia bilbaína 2026. Sin embargo, la expectación se tornó rápidamente en un dolor lacerante al desvelarse las combinaciones de este ciclo: un compendio infame, paupérrimo y carente de la grandeza que una plaza como Vista Alegre exige. Quien escribe estas líneas, aun siendo del sur, tiene a Bilbao como su gran plaza. Son ya varios los años en los que viajo al norte con una ilusión estratosférica; una fe que este año se ve truncada por un abono gris, monótono, huérfano de interés y lastrado por combinaciones nefastas.
La situación actual de Bilbao es de una extrema delicadeza. El pasado año se vislumbró un halo de esperanza por una mayor afluencia de público. Nos dimos cuenta de que el esplendor de Bilbao era totalmente recuperable. El camino a seguir era evidente: consolidar ese amago de recuperación con un proyecto sólido, riguroso y ambicioso. Lamentablemente, la realidad ha sido bien distinta. La desfachatez de la empresa BMF resulta infinita; sus formas pertenecen a la peor calaña taurina de nuestro panorama nacional. Presentar los carteles tarde, sumidos en la incertidumbre y sin el más mínimo anuncio previo es intolerable. Una feria de la categoría de Bilbao se debe trabajar y promocionar durante todo el año, no a un mes de su inicio, dejando al ciclo sin un margen real para su obligada difusión.
Al adentrarse en el análisis del esqueleto de la feria, el diagnóstico es de una hecatombe absoluta. Resulta inadmisible la supresión de la novillada con picadores, pues el mañana del toreo debe tener siempre su espacio en cualquier feria, más aún en una plaza de primerísimo nivel. En su lugar, se mantiene un espectáculo de rejones que apenas suscita interés en este coso y, para colmo del despropósito, lo hacen prescindiendo de la máxima figura de la especialidad, Diego Ventura, lo que supone una auténtica broma de mal gusto.
Por otro lado, la composición de los carteles de a pie resulta incomprensible por sus flagrantes ausencias y la falta de ambición de la empresa. No se comprende el olvido de Víctor Hernández, uno de los nombres jóvenes que mayor expectación genera entre la afición. Tampoco se justifican las ausencias de Juan Ortega y Pablo Aguado. Si bien con Ortega la empresa puede escudarse en su petardo del año pasado, con Aguado no hay excusa posible, pues el sevillano sublimó el toreo al natural sobre el gris piso bilbaíno la pasada campaña, una obra de arte que servidor presenció en directo y que este año se paga con el ostracismo. Asimismo, la empresa peca de una alarmante falta de miras al no doblar en el abono a figuras de la dimensión de Morante de la Puebla, Roca Rey y Borja Jiménez, cuya doble comparecencia habría garantizado una magnífica afluencia de público a lo largo de todo el ciclo.
Pasaré ahora a analizar los carteles uno por uno como viene siendo habitual en esta casa.
23/08: Sergio Galán, Lea Vicens y Guillermo Hermoso (Romano Tenorio). La de rejones en Bilbao no interesa, es un hecho. Si a esta falta de interés general le sumamos la incomprensible ausencia de Diego Ventura, el festejo queda reducido al más absoluto vacío.
25/08: Antonio Ferrera y Damián Castaño (Dolores Aguirre). Dolores Aguirre ostenta, por derecho propio, el trono de Vista Alegre gracias a encierros de impecable trapío y seriedad que desatan una enorme expectación. Sin embargo, el planteamiento de este mano a mano carece de toda lógica artística. Ferrera puede justificar su inclusión tras su paso por Madrid, y Damián Castaño es ya un clásico de esta cita en el botxo, pero el cartel clamaba a gritos un tercer espada. Jarocho, por qué no.
26/08: Emilio de Justo, Román y Tomás Rufo (La Quinta). La repetición de La Quinta era de obligado cumplimiento tras el histórico indulto de "Tapabocas" a manos de Borja Jiménez el año pasado —el primero en la historia de esta plaza—. Por justicia elemental, Borja debió haber repetido con esta ganadería. Respecto a la terna, Rufo comparece con el crédito reciente de su triunfo en Pamplona, aunque su inclusión original carecía de méritos sólidos; Emilio de Justo se encuentra en un evidente declive; y Román completa el cartel muy bien. Hubiese resultado extraordinariamente estimulante dar entrada en esta fecha a toreros como Víctor Hernández o Mario Navas, quien tras cortar una oreja de novillero en este ruedo no ha vuelto a ser anunciado.
27/08: Diego Urdiales, Alejandro Talavante y Roca Rey (Victoriano del Río). Este cartel va a ser uno de los que llenen la plaza. Diego Urdiales vuelve tras la excelsa faena del pasado año y que además vio muchísima gente porque venía sustituyendo a Morante y la plaza estaba llena. Roca Rey, por su parte, ejerce una vez más como el principal imán para la taquilla. La nota discordante la pone Alejandro Talavante, quien continúa deambulando por las ferias sin despertar el menor interés en el aficionado; su puesto debía ser para Pablo Aguado. La materia prima de Victoriano del Río es sinónimo de garantías, recordando que de este hierro fue "Cantador", el toro más destacado de la pasada feria.
28/08: Sebastián Castella, David de Miranda y Marco Pérez (Domingo Hernández). El premio a la peor combinación del abono. Un cartel infumable. Se anuncia a un Marco Pérez carente de méritos contraídos para tal designación, mientras otros profesionales con sobrados derechos se quedan fuera. Únicamente David de Miranda justifica su inclusión por méritos propios, compartiendo terna con un Sebastián Castella acomodado en las grandes ferias que ya no aporta nada. Para rematar el desastre, se lidiará un encierro de Domingo Hernández, divisa que atraviesa un momento nada bueno.
29/08: Morante de la Puebla, Daniel Luque y Borja Jiménez (Garcigrande). La Semana Grande echará el cierre con su combinación más rutilante y de marcado acento sevillano. Presenciar la genialidad de Morante siempre es un acontecimiento. Estará escoltado por un Borja Jiménez que ya desata una notable expectación en esta tierra y por un Daniel Luque cuyo concepto encaja a la perfección en este escenario. En el apartado ganadero, Garcigrande repite tras el buen juego ofrecido en la edición anterior.
Para cerrar este exhaustivo repaso, la conclusión es tan clara como dolorosa: las Corridas Generales de Bilbao de 2026 se presentan como una oportunidad de oro trágicamente desperdiciada. En un momento de máxima vulnerabilidad, donde la plaza de Vista Alegre requería un proyecto ambicioso, serio y mimado al detalle para consolidar los brotes verdes del año pasado, la empresa BMF ha respondido con desidia, improvisación y un absoluto desprecio a la categoría de este coso.
La pérdida de la novillada con picadores, la descafeinada tarde de rejones sin Ventura, el injusto olvido de toreros como Pablo Aguado o Víctor Hernández y la alarmante falta de ambición al no hacer doblar a los grandes triunfadores configuran un abono plano y devaluado. Salvo por el peso específico del toro bilbaíno y un par de combinaciones que se salvan por la inercia de sus nombres, el aficionado se ve obligado a viajar más por fe y tradición que por el verdadero atractivo de unos carteles que, hoy por hoy, están muy por debajo de la historia y el prestigio de Bilbao.
¡BMF KAMPORA!
Escrito por Álvaro Cabello