Hará ya algunas semanas que las combinaciones carteleras que vertebrarán los Sanfermines 2026 cobraron estado público. Hoy, cuando apenas nos separa una septena para que el estallido del chupinazo ponga a Pamplona en pie de fiesta, para que el reloj marque las ocho de la mañana y la afición aguarde con la imperturbable ilusión de la infancia el rito del encierro, o bien para corear El Rey en el segundo toro de la tarde, la vieja Iruña se dispone a revestirse de blanco y rojo. Fiel a la tradición, este servidor comparece para desglosar el análisis de los carteles taurinos del inminente ciclo.
Equilibrio, interés y meritocracia. He aquí la tríada conceptual que, a mi juicio, define la arquitectura del abono pamplonés. Nos hallamos ante una de las ferias mejor rematadas y manufacturadas del orbe taurino. La Casa de Misericordia consolida un proyecto jalonado de virtudes esenciales; entre ellas, destaca el acierto de no precipitar la presentación de los carteles con esa equívoca premura que hoy extenúa a la práctica totalidad de los seriales de máxima categoría. En las combinaciones de San Fermín siempre se reservan vacantes estratégicas para los espadas triunfadores de Madrid o Sevilla. Tal es el proceder canónico: que la confección de los ciclos guarde estricta consonancia con el interés que el aficionado legítimamente demanda y que el torero se gana con el fluir de la temporada.
En lo concerniente a la nómina de espadas, es de justicia reconocer que se concitan prácticamente todos los nombres llamados a sostener el peso de la púrpura y aquellos que han cimentado su crédito en las últimas campañas. No obstante, el abono acusa tres ausencias de indudable notoriedad. Resulta dolorosa la exclusión de Diego Urdiales; si bien es cierto que cuando abrió la Puerta Grande de Las Ventas el serial ya estaba prácticamente cerrado, el riojano no es un torero que deba someterse a la urgencia de justificar su inclusión en los principales seriales de la geografía taurina de una manera tan coyuntural. De Diego a Diego, y de a pie a caballo, la infinita ausencia de Diego Ventura se antoja inadmisible y constituye una auténtica desfachatez; resulta incomprensible que el indiscutible genio del toreo a caballo no haya pisado aún el albero de Pamplona, más cabe censurarlo cuando la retirada de Pablo Hermoso de Mendoza desvanece el histórico veto que siempre obstaculizó la presencia del jinete cigarrero. Finalmente, es de lamentar la omisión de Ginés Marín, un espada que la pasada campaña esculpió pasajes de exquisito trazo en dos faenas que adolecieron de una repercusión mediática equivalente a su indiscutible calado artístico.
Resulta imperativo, asimismo, detenerse en el auténtico monarca de la Fiesta y eje gravitacional sobre el que orbita esta fiesta sin igual: el toro. En el apartado ganadero, el panorama ofrece escasas novedades. Se mantiene la estructura de la pasada edición, garantizando una estimable variedad de encastes con divisas de honda personalidad como Fuente Ymbro o José Escolar. En el capítulo de discrepancias, considero que la presencia de Álvaro Núñez no debió refrendarse tras su debut el año anterior; aquella comparecencia dejó mucho que desear debido a la flagrante falta de trapío y la deficiente presentación del encierro que remitió a la Monumental pamplonesa.
Pasaré ahora pues, a analizar tarde a tarde el ciclo:
05/07: Emiliano Osornio, Álvaro Serrano y Mario Vilau (Novillos de Pincha). El prólogo menor del ciclo goza de una rotundidad incontestable. La divisa navarra de Pincha consolida su tradicional privilegio de abrir el abono frente a una terna novilleril preñada de interés. Emiliano Osornio atesora allá donde comparece un concepto puro y de excelsos quilates que cautiva al aficionado; por su parte, Álvaro Serrano resultaba de obligada inclusión tras la apabullante dimensión y el rotundo aldabonazo que protagonizó en San Isidro; cierra el cartel Mario Vilau, quien ha acumulado argumentos más que suficientes para justificar su inclusión.
06/07: Andy Cartagena, Roberto Armendáriz y Guillermo Hermoso de Mendoza. (El Capea y Carmen Lorenzo). Ya he comentado la injusticia de que vuelva a estar ausente Diego ventura en la de rejones. No se puede tolerar. Más aun cuando Pablo Hermoso ya está fuera de los ruedos y siempre fue el impedimento para la presencia del cigarrero.
07/07: Daniel Luque, Víctor Henández y Aarón Palacio (Fuente Ymbro). La festividad del santo se honrará con un cartel de extraordinaria categoría. Víctor Hernández se ha ganado por estrictos méritos propios el derecho a figurar en las ferias de postín, despertando una viva expectación entre la afición; Aarón Palacio encarna a una de las promesas con mayor proyección e interés del escalafón; mientras tanto, Daniel Luque afronta un compromiso donde urge un triunfo importante en una plaza de primera magnitud. Los pupilos de Ricardo Gallardo elevan el atractivo de la función, siendo esta una casa que destaca por la impecable presencia de sus encierros y su buen juego.
08/07: David Galván, Román y Manuel Diosleguarde (Cebada Gago). La divisa gaditana de Cebada Gago encadenaba varias temporadas lidiando encierros mansos en este coso; no obstante, el pasado año el bellísimo astado ensabanado de nombre Lioso se hizo acreedor al prestigioso premio Carriquiri, en el contexto de una corrida que resultó brava. Además, sus ejemplares constituyen un monumento a la integridad del toro de lidia. La terna elegida rebosa interés: Román viene de puntuar alto en Madrid y goza de un idilio singular con la solana pamplonesa, en tanto que Diosleguarde es un torero en sazón cuya valía quedó refrendada tras sus importantes actuaciones en la Copa Chenel.
09/07: Talavante, Roca Rey y David De Miranda (Victoriano del Río). Combinación minuciosamente diseñada para el paladar del abonado de la Monumental. Roca Rey volverá a trenzar el paseíllo en dos ocasiones en la que es su plaza talismán. Tras marcharse de vacío el año anterior, el interés radica en ver su capacidad de respuesta. El onubense David de Miranda puede encajar a la perfección en este escenario gracias a ese toreo de seco valor que tanto impacto causa en las masas, todo ello bajo el paraguas de un encierro de Victoriano del Río, divisa que acostumbra a ser salvoconducto de éxito.
10/07: Morante de La Puebla, Borja Jiménez y Pablo Aguado (Álvaro Núñez). Nos encontramos ante el cartel de relumbrón y de mayor fuste estético de todo el serial. Regresa Pablo Aguado tras la primorosa faena que cinceló la pasada edición ante un ejemplar de Jandilla, flanqueado por Morante y Borja Jiménez, los dos espadas que concitan mayor expectación en el escalafón contemporáneo. La terna resulta inmejorable; el único interrogante estriba en dirimir si el encierro de Álvaro Núñez estará a la altura de la seriedad que Pamplona exige.
11/07: Antonio Ferrera, Juan de Castilla e Isaac Fonseca (José Escolar). José Escolar en Pamplona es un auténtico acontecimiento para el aficionado. Siempre acostumbra a remitir corridas de apabullante trapío, indispensables en el abono navarro. Juan de Castilla comparece tras un paso discreto por San Isidro, condicionado por el severo percance sufrido a inicios de campaña, siendo esta la coyuntura idónea para reivindicar su capacidad. Por su parte, Ferrera llega tras cuajar un toro de Adolfo Martín en Madrid, y estimo que el circense y heterodoxo espectáculo que desplegó en Las Ventas enfervorizaría los tendidos pamploneses. Completa la ecuación Isaac Fonseca, espada que siempre encuentra su justificación ante los hierros duros.
12/07: Fortes, Fernando Adrián y Samuel Navalón (La Palmosilla). La Palmosilla lidió el pasado año un encierro que ofreció óptimo juego en líneas generales. La combinación repite idéntica estructura con la única permuta de Navalón por Ginés Marín, una ausencia que continúa resultando incomprensible. Mantiene su puesto Fernando Adrián, quien conquistó la Puerta Grande el año pretérito mediante el toreo más vulgar, efectista y populista que un servidor recuerda haber visto. En las antípodas, la pureza de Fortes siempre representa un deleite para los sentidos.
13/07: Manuel Escribano, Pepe Moral y Jesús Enrique Colombo (Miura). En esta ocasión, la mítica divisa de Zahariche no clausurará la feria, sino que se lidiará en la penúltima de abono. Este hierro legendario no puede faltar en la Feria del Toro, pero es igualmente cierto que la presencia de sus toros el año pasado resultó indigna, además, lidiando una corrida descastada y carente de poder; la antítesis de Miura. El cartel presenta a los nombres habituales para estos toros, destacando a un Colombo que encuentra aquí una de las pocas plazas donde encaja su estilo.
14/07: Juan Ortega, Roca Rey y Tomás Rufo (Jandilla). Los Sanfermines bajarán el telón con otro cartel de indudable impacto: la segunda comparecencia de Roca Rey; Juan Ortega, quien también precisa dar un golpe de autoridad incontestable en plazas de relevancia; y Tomás Rufo, de quien desconozco qué méritos atesora para seguir acartelado en las grandes ferias mientras una infinidad de toreros con mayores argumentos se quedan en sus casas. Por su parte, Jandilla suele cumplir.
Queda hecho el análisis de una feria de indudable interés de la que, por desgracia, solo podremos disfrutar los cuatro últimos festejos a través de la televisión. ¿Se imaginarían que solo se pudiera ver la mitad del mundial de fútbol? Sería inviable. Pues en el mundo de los toros, sí sucede. Urge hallar un sistema en el que las grandes ferias puedan ser televisadas en su integridad. La televisión es fundamental en la actualidad: lo que no se televisa, sencillamente, no ha ocurrido.
Escrito por Álvaro Cabello