Parece que cada crónica que escribo de la Feria de Córdoba está condenada a comenzar de la misma manera. Pero es que, invariablemente, asistimos todos los días al mismo guion. La indignación llega a ser desesperante y uno, en momentos de zozobra, ya no sabe si aceptar la rendición definitiva. Pero esa nunca será una opción. Desde mi humilde bitácora, seguiré luchando con la palabra por recuperar la categoría que el Coso de los Califas merece y ha perdido. Comenzaba la primera corrida del fin de semana que abrochará el ciclo cordobés en una tarde de calor asfixiante. Si bien el cartel no lucía el postín de las llamadas figuras —que comparecerán el domingo—, sí que atesoraba el mayor interés para el aficionado. Se lidiaban toros de Núñez de Tarifa, de correcta presencia si estuviéramos en una plaza de tercera, claro está. El encierro fue una auténtica novillada; animales que, si bien lucían un punto más de seriedad y mejores hechuras que la birria ganadera ofrecida por Juan Pedro la semana pasada, permanecían aún a una distancia sideral del trapío que se exige —o se debe exigir— en esta plaza. En medio de un nuevo ambiente festivalero, con los neoaficionados del postureo calentando motores para la feria que se inaugura esta noche, y ante los ojos de toda Andalucía, volvimos a proyectar una pésima imagen. Menos mal que hoy, al menos, pisaban el ruedo dos toreros honrados. Por cierto, apenas gasto tinta en hablar de los tercios de varas porque se han convertido en un mero trámite, un simulacro donde nada se puede calibrar; otra vergüenza que, para colmo, cuenta con el aplauso complaciente de los tendidos.
El anovillado y jabonero que hizo de primero marcó su inequívoca mansedumbre desde que pisó el albero, buscando las querencias y saliendo suelto de cada encuentro. Borja Jiménez lo sacó hacia los medios a base de verónicas templadas, abrochando el ramillete con una media de cartel. Tras dos picotazos en varas, entró Víctor Hernández al quite por saltilleras, acusando el toro su condición huidiza. Replicó Borja por chicuelinas preciosas, de mano baja, y otra extraordinaria media. Brindó a Córdoba para, acto seguido, estructurar una labor de mérito sujetando al astado en los medios evitando que se rajara de inmediato y logró pasajes de gran acoplamiento, hilvanando series templadas sobre la diestra. Sobresalió una tanda al natural, sometiendo por bajo la embestida y corriendo la mano con excelente pulso. Lamentablemente, todo quedó emborronado por un bajonazo infame. Resulta del todo incomprensible que el público ovacione estocadas de semejante condición.
Genuflexo por ambos pitones comenzaría su faena al cuarto. El de Espartinas se mostró muy por encima de un descastado ejemplar de nula entrega y embestida deslucida. Surgieron buenas series por el pitón derecho, preñadas de mando, poderío y ligazón; el torero se inventó una faena donde no la había, midiendo a la perfección los terrenos y los tiempos. El momento que atraviesa Borja es sensacional, un estado de gracia que contrasta con su preocupante manejo de la tizona, con la que volvió a naufragar. Urge, y lo digo con insistencia, que ponga solución definitiva a la suerte suprema.
Los toreros no son tontos. Saben perfectamente que, si el público de hoy degusta con mayor agrado el chóped que el jamón de bellota, lo más práctico es ofrecerle lo primero, que resulta más barato y fácil de conseguir. Me han entendido la metáfora, ¿verdad? Pues a Víctor Hernández eso le produce una soberana indiferencia. Se presentaba en la tierra califal y lo hizo con esa pureza, verdad y entrega absoluta que definen su concepto. Gracias, torero. El segundo de la tarde no tardó en cantar sus querencias con descaro. Ante ese manso, Hernández cuajó una faena interesantísima que fue de más a menos por la condición del animal. El diestro entendió a la perfección que el pitón del toro era el derecho y sobre esa mano cimentó un trasteo de gran temple, mano baja y excelente trazo. Hubo una pureza y una personalidad muy marcada en él, frente a un astado con más intención que verdadero celo. También al natural brotaron pasajes de enorme categoría, nacidos de esa izquierda de oro que atesora en las muñecas. El de Núñez de Tarifa, sin embargo, se apagó demasiado pronto, cortando el vuelo de una labor que había cobrado gran altura. Mató de una estocada trasera y tendida, paseando después una oreja.
El madrileño volvió a escuchar una ovación en el quinto tras una faena muy acoplada y de extraordinarios muletazos, donde exhibió de nuevo la pureza de su concepto frente a un oponente muy descastado. Se atascó con los aceros.
Marco Pérez mostró disposición y firmeza ante un enemigo de escasa raza y nula entrega, un toro que se vino a menos de forma prematura. La faena transcurrió entre altibajos y una evidente falta de limpieza, para terminar, desembocando en el predecible arrimón final con el animal ya mortecino; un recurso efectista que volvió locos a unos tendidos demasiado fáciles de encandilar. Se concedió una oreja infame, con petición ridícula de la segunda, en otro episodio que deja al desnudo el escaso rigor de esta plaza. Al menos, cobró una buena estocada.
El que haría de sexto se partió un pitón tras clavar la cornamenta en el albero de salida. Asomó el pañuelo verde y apareció un sobrero de La Palmosilla, a la postre lo más serio, rematado y cuajado que se ha visto por estos lares en lo que llevamos de feria. Lástima que su fondo fuera diametralmente opuesto a su estampa. Nula raza la del animal, ante el cual el salmantino anduvo sumamente pesado en una labor anodina. Resultaba un imposible metafísico que aquello transmitiera algo al tendido porque, sencillamente, no había toro. Sin embargo, tras una media estocada, el público pidió una oreja que uno no acierta a comprender a cuenta de qué.
LA RESEÑA
Plaza de Toros “Los Califas”. 3ª de abono, Feria de Nuestra Señora de la Salud, Córdoba. Viernes 22 de mayo de 2026. 1/3 de plaza.
Toros de Núñez de Tarifa 🔵🟠: mal presentados, muy lejos del trapío que se exige en plazas de primera categoría. Mansos y descastados en sus embestidas; y La Palmosilla 🔵🔴 (6ºbis): serio y cuajado, muy desrazado.
Borja Jiménez (verde esmeralda y oro), ovación y ovación tras minoritaria petición.
Víctor Hernández (blanco y oro), oreja y ovación.
Marco Pérez (barquillo y oro), oreja y vuelta al ruedo tras petición.
Escrito por Álvaro Cabello