Se citaba hoy en el Baratillo el cartel de menor calado emocional del abono maestrante. Sesenta y dos años de alternativa sumaba la terna; una cifra que pesaba en el ánimo como el plomo antes de romper el paseíllo. Sin embargo, el tedio encontró un aliado inesperado en el encierro de Núñez del Cuvillo, que lució una presentación impecable, recuperando la seriedad y las hechuras de ese toro sevillano que parece haberse convertido en una especie en extinción.
Manzanares transitó por la tarde entre el infortunio y la apatía. Lidió sus dos turnos bajo un vendaval inclemente que convirtió el manejo de los engaños en una suerte de equilibrismo imposible. Pero más allá de las rachas de aire, faltó alma. Aplicó un oficio gélido al soso primero, que acabó rajándose sin dejar más rastro que una estocada de excelente factura. Su paso por la primera tarde de su feria se cerró en blanco con el cuarto, donde apenas esbozó una voluntad discreta frente a otro ejemplar de Cuvillo desrazado y vacío.
Los rockeros, sin ser aquellos, siempre tocan algún acorde como los de antes. Talavante, tras un prolongado letargo de insipidez, desempolvó hoy los restos de aquella izquierda de oro que un día nos puso de acuerdo a todos. Qué clase derrochó "Hurraco", un colorado de lámina preciosa que se encontró con la mejor versión del extremeño. En un inicio genuflexo y de puro sello talavantista, comenzó a tejer una obra que tuvo en el toreo al natural su columna vertebral. Cuando el viento amainó, Talavante impuso la ley del ralentí. No se podía torear más despacio. Al despacioso compás de una compostura elegante, Talavante sometió la embestida del notable animal de Cuvillo en series que fueron un monumento a la parsimonia. Oreja tras un estoconazo. Resulta casi exótico volver a decir que Talavante estuvo bien, pero hoy la verdad fue incontestable.
En el quinto la historia se tornaría interminable. Pese a la bella lámina del toro, la falta de entrega del animal y un trasteo insulso por excesivo —como si se cobrara por número de pases— terminaron por enfriar un ambiente que ya no encontró materia prima.
Daniel Luque cargaba con la responsabilidad de salvar el honor del cartel. En el tercero, armónico de formas, vivimos el tercio de varas de la feria: Jabato hijo cuajó un puyazo extraordinario, agarrándose arriba. Al oro de Jabato se sumó la plata de Juan Contreras, que dejó un par de banderillas soberbio. Luque cortó una oreja de esas que se evaporan al cruzar el puente de vuelta. Construyó su labor al falto de empuje burel con paciencia y autoridad, pudiendo dejar algún que otro muletazo estimable, pero la recompensa llegó a través de un arrimón final con el toro ya entregado; un recurso efectista que enloquece al espectador facilón. Para colmo, la estocada cayó contraria y atravesada.
El cierraplaza fue el garbanzo negro del envío: reservón y con una aspereza violenta. Luque lo gobernó con toques de mando y una suficiencia técnica incuestionable, evitando que el Cuvillo tocara las telas en una actuación digna de su momento de madurez, donde no pudo calar más que la honestidad.
LA RESEÑA
Real Maestranza de Caballería de Sevilla. 11ª de abono, Feria de Abril. Martes 21 de abril de 2026. Lleno de “no hay billetes”.
Toros de Núñez del Cuvillo ⚪🟢🔴: de excelente presencia, armónicos, pero a la vez serios. En general un encierro venido a menos, a excepción de la gran clase y cierto ritmo del segundo.
José M.ª Manzanares (nazareno y oro), silencio en ambos.
Alejandro Talavante (sangre de toro y oro), oreja y ovación tras aviso.
Daniel Luque (celeste claro y oro), oreja y silencio tras aviso.
Notas: saludó Juan Contreras tras parear al tercero e hizo lo propio Antonio Manuel Punta en el sexto.
Escrito por Álvaro Cabello