Sevilla no es solo una plaza; es el altar donde el toreo se despoja de lo accesorio para buscar su esencia más desnuda. En la tarde de hoy, el rito alcanzó cotas de una espiritualidad sobrecogedora cuando el temple de El Cid, la verticalidad mística de Fortes y la dignidad torera de José Garrido detuvieron las manecillas del reloj. Sin embargo, la lírica de los hombres tuvo que sobreponerse a un encierro de La Quinta que, si bien mantuvo un tono de notable en cuanto al juego de sus astados, navegó en la peligrosa frontera de los altibajos, acusando una alarmante falta de emoción en sus embestidas.
Abrió la tarde un ejemplar de bella estampa, serio y cuajado, que salió frío, pero humillando con clase en el capote de El Cid. Sin embargo, la nobleza del animal fue de la mano de una endeblez preocupante. El torero de Salteras, con la inteligencia que dan los años, planteó una faena a media altura, reivindicando su concepto ante una embestida pastueña y sosa, huérfana de la emoción que otorga el poder. Todo resultó aseado y templado, pero el trasteo nació condenado por la insulsa condición del de La Quinta.
La verdadera historia llegó en el cuarto. Sevilla asistió a un robo de ley. Ante un toro bravo, que dejó dos entradas preciosas al caballo y permitió el lucimiento de Espartaco con la vara, El Cid cuajó una faena de paladar. En los medios, el sevillano toreó con un pulso y una limpieza admirables, aprovechando la inercia de una embestida de mucha categoría. Hubo series de mano derecha reunidas, de muletazo largo y pecho fuera, mirando a los tendidos con la suficiencia del que se sabe dueño de la escena. Pese a que el pitón izquierdo era más corto y deslucido, la obra fue rotunda. Tras una estocada de buena ejecución, la mayoría de los pañuelos afloraron en un clamor indiscutible. No obstante, la ineptitud del palco negó el trofeo, dejando una sensación de mofa que indignó a la Maestranza.
Fortes se estrelló en primer lugar con un oponente flojo y parado, ante el cual su pulcritud fue estéril.
Lo que vendría en el quinto fue un bálsamo para paladares exquisitos. El malagueño comenzó de rodillas, sometiendo la embestida en redondo y marcando el camino de una faena que solo supo crecer. Vimos a un Fortes de sincero concepto y pureza absoluta. Sus naturales fueron excelsos, de una suavidad y un temple hipnóticos; no hubo un solo toque brusco que enturbiara la embestida. Toreó en línea curva, ofreciendo el pecho, con las zapatillas hundidas en la arena, destilando una verdad que sobrecogió al tendido. Fue un tratado de cómo pasarse al toro cerca sin perder la elegancia. Una pena que la espada —corta, tendida y trasera— emborronara un triunfo que era de oreja grande. La vuelta al ruedo tuvo el peso de la autenticidad.
José Garrido saludó al serio tercero con verónicas de mucha expresión, volcándose sobre el percal con el mentón hundido. Tras un susto de José Manuel Moreno en banderillas, Garrido se enfrentó a un toro interesante, pronto y con clase, aunque con el defecto de soltar un derrote al final del muletazo. El extremeño toreó con gusto por la derecha, corriendo la mano con elegancia y tratando de embeber una embestida que no siempre se dejó dominar. Hubo naturales de buen trazo, pero a la obra le faltó un punto de redondez para romper el techo de la tarde. Los sucesivos pinchazos dejaron el balance en una ovación clamorosa.
El sexto fue el garbanzo negro del envío: un ejemplar exigente, con más genio que raza y que medía una enormidad tras cada muletazo. Garrido, que volvió a brillar de capa, tuvo que imponerse de uno en uno, exponiendo los muslos ante un animal que se quedaba corto y echaba la cara arriba. Estuvo francamente digno ante un toro que pedía el carné, terminando su labor con una estocada caída y tendida.
LA RESEÑA
Real Maestranza de Caballería de Sevilla. 15ª de abono, Feria de Abril. Sábado 25 de abril de 2026. Casi lleno.
Toros de La Quinta 🔴🟡: bien presentados y desiguales en cuanto al juego.
El Cid (verde esperanza y oro), palmas y vuelta al ruedo tras petición mayoritaria.
Fortes (azul purísima y oro), ovación y vuelta al ruedo tras leve petición.
José Garrido (verde botella y oro), ovación y silencio tras aviso.
Notas: al finalizar el paseíllo se guardó un minuto de silencio en memoria de Alfonso Vázquez, mayoral de Fuente Ymbro; y por el ganadero Santiago Barrero San Román, recientemente fallecidos.
Escrito por Álvaro Cabello