Y cuando vuelva a Sevilla en primavera… Colofón. Ya está. Se acabó. La primavera tiene fecha en el calendario, pero en Sevilla expira con el último toque de clarines en la Maestranza. Abril es el séptimo cielo en esta bendita ciudad que tanto amo; hemos habitado un sueño entre incienso y volantes. Ya han pasado los palios de vuelta y el último toro de la feria ya ha sido arrastrado. Hoy ponemos el broche de oro con la tradicional miurada. Antes de entrar en faena, permítanme darles las gracias a todos ustedes, mis lectores. Gracias por la atención prestada; espero haber estado a la altura de lo que este templo merece. Gracias de corazón. Dios mediante, volveré a encontrarme con la princesa del Baratillo el día del Corpus para contárselo.
Manuel Escribano regresó a su casa ampliando esa nómina de portas gayolas que ya son leyenda. Salió "Desterrado", el primero de la tarde, sembrando el pánico con un salto al callejón que no fue sorpresa: el burel era un manojo de nervios en busca permanente de la huida. Escribano protagonizó un tercio de banderillas vibrante, pero la faena careció de toda emoción. No es esto lo que uno busca en una miurada, un toro soso que no se comía a nadie. Estuvo por encima el de Gerena, voluntarioso, dejando naturales de brillante factura en el epílogo. La estocada atroz, baja y trasera.
En el cuarto la historia se escribió con otra tinta. El de Miura tuvo nobleza e intención, pero siempre con el poder en el fiel de la balanza. Cualquier toque brusco o trazo a destiempo hubiera despeñado al astado, dejando al cónclave con un jarro de agua fría. Sin embargo, Escribano lo afianzó con inteligencia, trazando en línea recta y con media muleta enterrada en el albero, dejando que el toro tomara la iniciativa. Fue una labor de mucho mérito al natural, plena de mando y poder. La estocada, algo trasera pero efectiva, bien le valió una oreja de ley.
La invalidez del segundo obligó a asomar el pañuelo verde en el palco presidencial. En una estampa de cumbre, Florito se llevó al toro para los adentros chaquetilla en mano. Salió en su lugar "Gallero", un sobrero de la casa que paró la báscula en unos pavorosos 679 kilos. Pepe Moral se marchó de nuevo al portón de toriles y, tras la larga cambiada, cuajó un extraordinario recibo a la verónica. No obstante, frente a un oponente correoso que nunca humilló, el sevillano se vio falto de ideas y sin la brújula clara. Pinchazo y bajonazo para emborronar su tarde.
Con el quinto, un castaño que sabía latín tras cumplir en varas ante un gran Francisco Romero, Moral anduvo inseguro y breve, sin terminar de ubicarse ante las complicaciones del animal.
"Lamparillo", número 63, se suma desde hoy a la lista de los grandes toros de esta feria. Fue bravo en el caballo y en la muleta derrochó recorrido y clase. Román estuvo sencillamente sensacional: quedándose en el sitio, aplomado, entregado y ofreciendo los vuelos como prólogo de cada muletazo. Fue un trato templado y exquisito al que el de Zahariche respondió con un reboso de bravura. Román, generoso, lo lució en la larga distancia para después reducir la embestida tras el embroque en un ejercicio de mando y temple absoluto. Los ayudados por bajo finales tuvieron un sabor exquisito, de cartel de toros. Tenía el pelo en la mano, pero los pinchazos y el bajonazo final cambiaron la oreja ganada por una ovación.
Cerró la feria un miura alegre en varas, que llegó a derribar, exigiendo a Román un registro de guerrero. El animal soltaba la cara por el derecho y se revolvía con peligro por la zurda. Román, digno y firme, aguantó parones de infarto y esbozó muletazos de mucho mérito antes de recetar una buena estocada.
LA RESEÑA
Real Maestranza de Caballería de Sevilla. 16ª de abono, Feria de Abril. Domingo 26 de abril de 2026. Casi lleno.
Toros de Miura 🟢🔴: bien presentados. El primero muy soso y sin humillar; segundo bis correoso y algo brusco; un tercero bravo y noble; el cuarto noble pero endeble; el quinto bravo, exigente y algo áspero; y un sexto totalmente desclasado.
Manuel Escribano (verde manzana y oro), ovación y oreja.
Pepe Moral (blanco y plata), silencio en ambos.
Román (azul turquesa y oro), ovación en ambos.
Notas: saludó Juan Sierra tras parear al segundo.
Escrito por Álvaro Cabello