Ya conocen el viejo dicho sobre las tardes de suma expectación. Pues eso. Carretera y manta hacia Málaga, como cada final de agosto, con la ilusión por las nubes ante uno de los carteles más esperados del año. Morante, Urdiales y Fortes. Ahí es nada. Tres toreros capaces de interpretar el toreo bueno, cada uno desde su particular manera de entenderlo. Sin embargo, el júbilo inicial se diluyó a medida que transcurría una corrida infumable, desrazada y deslucida de Núñez del Cuvillo. Un encierro malísimo que dio al traste con las ilusiones del aficionado. En medio del naufragio ganadero, emergió otra lección de magisterio de Morante, la sobria dignidad sin fortuna de Diego Urdiales y una Puerta Grande regalada a Fortes por el desmedido fervor de sus paisanos.
El primero de Cuvillo se tapaba por la percha de su ofensiva cara. Bárbara fue la lección de valor del genio ante un ejemplar a la defensiva por su endeblez. La brillantez de Morante exprimió al desrazado animal, tanto que en ese medio viaje donde a veces sí y otras no colocaba la cara, surgieron muletazos sueltos de bellísima factura. Olvidado del cuerpo. Tanto que en uno de eso naturales tan expuesto, el burel le prendió del muslo milagrosamente sin ir aquello a mayores consecuencias. De esa se repuso Morante y expuso más aun si cabe. Dando el pecho, buscando la colocación perfecta para coser naturales de seda. No tuvo la faena la más deseosa limpieza, pero entre tanto, surgieron cosas preciosas. Acariciando la testuz pondría fin a una labor de largo metraje. La estocada se fue desprendida y no consideró el presidente mayoritaria la petición de oreja.
Una explosión de empaque y temple ralentizado fue la verónica que le pudo dar Morante al cuarto. La eternizó. De arribita hasta abajito. Sublime. Se equivocó el de Cuvillo en aquella embestida inicial, pues luego todo fue un desorden y una nula entrega. La lidia resultó caótica, entrando el animal hasta tres veces al caballo donde lo masacraron. A su aire, picándose en querencias y contraquerencias. Moribundo diría yo, llegó a la franela del de La Puebla. No hace mucho, Morante hubiese tirado por la calle del medio con un marmolillo así. Ahora no. Y entre que fue buscando el cómo, el cuándo y el dónde, le zampó una serie ajustadísima sobre la diestra en una baldosa. El dios Eolo hacía cada vez más acto de presencia y el maestro fue a por su botijo para mojar la tela. De ahí al toreo al natural, con la misma pausa, pero jamás con la entrega del burel. Detalles y más detalles dejó el genio entre esos resquicios que encontraba, pues no se le vio cómodo. Sobre sus muñecas sobresalió un natural que fue un monumento a la hondura. Un pinchazo hondo y un golpe de verduguillo sirvieron para acabar con el pésimo toro.
Solo una media echada a la cadera pudo dejar Diego Urdiales ante el segundo, al que luego pegaron en exceso en varas. Lo más destacado llegó después en unos naturales ofreciendo el pecho, que se pudieron degustar con fruición pero que carecieron de ligazón por la total falta de empuje del astado. Imposible que aquello alzara el vuelo. El estoconazo después de pinchar fue sencillamente cumbre.
El quinto ni siquiera merecía el serio esfuerzo del riojano. Sin clase, descoordinado, de cara alta y soltando tarascadas; de arrollar en vez de embestir y topar en lugar de acometer. Todo fue esmero, firmeza y tragar por parte de Urdiales. Otro estoconazo.
Entre sus idas y venidas, el tercero fue metiendo con cierta calidad la cara en el capote de Fortes, que le fue ganando terreno con templanza. Curro Vivas puso La Malagueta en pie en un comprometido par donde expuso un mundo. Tremendo. La plaza andaba sumida en el hastío cuando su torero la despertó en un vibrante inicio de faena de hinojos en los medios, llevando al toro toreado en profundos derechazos. El de Cuvillo estaba loco por rajarse, pero Fortes cuajó una labor de enorme firmeza y disposición. Cargando la suerte y muy despacito llegaron los derechazos. Tragó lo suyo aprovechando una embestida compleja y, con la muleta flameada como una bandera por el viento, mostró una honestidad desnuda al natural. Las manoletinas del epílogo resultaron ajustadísimas. Cortó un apéndice tras pinchar y cobrar media estocada.
Tras un bajonazo infame al sexto, La Malagueta trocó su categoría cuando el palco devaluó el coso al conceder dos orejas que le abrieron una barata Puerta Grande al malagueño. Construyó Fortes una faena de altibajos a la que le faltó rotundidad frente al toro que más opciones ofreció, sin ser este bueno. Antes, Trujillo puso un grandioso par que volvió a poner la plaza al rojo vivo. Brindó a Morante y se apoyó en el pilar de las tablas para dejar un prólogo firme. Hubo momentos deslavazados en el trasteo, aunque jamás faltó la entrega ni el abandono en algunas series ligadas sobre la derecha. Pero lo dicho: con semejante colocación de la espada no se pueden cortar dos orejas en una plaza de esta responsabilidad.
LA RESEÑA
Plaza de Toros de La Malagueta, Málaga. 8ª de abono de la Feria Taurina. Jueves 20 de agosto de 2026. Lleno de “no hay billetes”.
Toros de Núñez del Cuvillo ⚪🟢🔴: mal presentados además desiguales. Muy deslucidos. Sin casta ni poder. Olvidada la bravura. Desentendidos y sin raza.
Morante de la Puebla (mandarina e hilo blanco), ovación tras aviso en ambos.
Diego Urdiales (negro y oro), ovación en ambos,
Fortes (sangre de toro y oro), oreja tras aviso y dos orejas.
Notas: saludó Curro Vivas tras parear al tercero e hizo lo propio Juan José Trujillo en el sexto.
Escrito por Álvaro Cabello de la Haba