¿En serio que esto era mejor que la corrida de El Parralejo? La afición venteña aguardaba con legítima expectación el regreso de El Parralejo tras la seria y brava corrida lidiada en Sevilla. Aquello era motivo suficiente para acudir a Las Ventas con el recuerdo aún fresco de una divisa que había dejado huella en la Feria de Abril. Pero el destino de la tarde se torció mucho antes de romperse el paseíllo: el reconocimiento echó para atrás casi íntegro el encierro onubense y, en el grotesco baile de corrales, apareció un remiendo de El Vellosino que confirmó los peores presagios. Y así fue. Una corrida sin presencia, descastada, inválida y tediosa, de esas que convierten la tarde en una larga condena de bostezos y hastío.
Abrió plaza un animal impropio de Madrid, lo peor de El Parralejo estoy seguro que tendría que ser mejor que eso. Lo poco que llevaba dentro se lo extinguieron en un segundo puyazo persistente. Sebastián Castella apenas pudo abreviar ante un toro desfondado y claudicante, al que despachó de una estocada corta.
Peor aún fue el cuarto. Un toro feísimo de hechuras, basto, sin cuello y armado con una expresión más montaraz que brava. Nada había en él que recordase al toro de lidia: ni por lámina ni por condición. Castella inició faena sentado en el estribo, pero ya en aquellos primeros pases el animal perdió las manos. Después llegó el interminable desfile de muletazos anodinos ante un toro que ni pasaba ni transmitía, mientras la plaza se hundía lentamente en el sopor. El francés terminó atascándose con la espada hasta escuchar el tercer aviso en medio de una atmósfera de absoluta pesadumbre.
Daniel Luque fue el encargado de poner los únicos destellos de luz a la tarde. El tercero, de nombre "Colombo" —vaya nombre para un día después de lo de ayer—, se tapaba por la cara, pero su cuajo era tan escaso como el de sus hermanos de camada. El mismo petardo. El animal rodó por el suelo en reiteradas ocasiones, pero el palco pareció haber olvidado el pañuelo verde en casa. Oiga usted, los inválidos se devuelven. Luque intentó construir sobre la nada, aunque la invalidez de su oponente deslucía cada intención. Solo por el pitón izquierdo el de El Vellosino mostró un rescoldo de nobleza y recorrido. Luque lo aprovechó en dos tandas de naturales de excelente trazo, siempre a media altura para sostener la endeble vida del toro. No hubo más; el animal no podía con su alma.
El noble quinto fue el que más se dejó torear y el sevillano supo aprovecharlo exprimiendo todo el escaso fondo que tenía. Fue el inicio muy torero, tan templado como vertical, donde hubieron dos trincheras de enorme sabor. Todo fue en los bajos del cinco, donde surgieron tres tandas de derechazos, yendo siempre a más y culminando en una serie de relajo absoluto, con un pase de pecho de pitón a rabo que supo a gloria en medio del desierto. Porfiaba Luque, arrebatado y buscando la colocación natural, donde al toro le costaba mucho más seguir el engaño. Con el animal ya mortecino, el sevillano buscó de forma innecesaria las cercanías, alargando un metraje que ya estaba escrito. Cobró una estocada algo trasera y asomaron algunos pañuelos minoritarios, más por gratitud que por exigencia.
David de Miranda llegaba como el gran aliciente tras su histórica Puerta del Príncipe sevillana con aquel bravísimo "Secretario" de El Parralejo. Pero con lo de hoy, ese binomio de triunfo era una quimera. Su primero fue un novillo infame que ya salió avisando de aquello no iba con él. El tercio de varas fue un trámite vacío. Estuvo digno e insistente el de Trigueros, tratando de inventarse una faena donde solo había deslucimiento y claudicación. La labor resultó imposible y la rúbrica, con una estocada defectuosa, puso fin al calvario.
El sexto no vino a redimir a nadie. Otro ejemplar descastado que ni quería ni podía embestir. De Miranda se pegó un arrimón en las cercanías buscando despertar a una plaza que ya había dimitido del festejo. La tarde había muerto mucho antes. Un feo espadazo en los blandos cerró una jornada para el olvido.
LA RESEÑA
Plaza de Toros Monumental de Las Ventas. 6ª de abono, Feria de San Isidro. Jueves 14 de mayo de 2026. Lleno.
Toros de El Vellosino 🟢🟡 en sustitución de El Parralejo: mal presentados. Feos y totalmente descastados. Petardo ganadero.
Sebastián Castella (grana y oro), silencio y silencio tras dos avisos.
Daniel Luque (lila y plata), palmas tras aviso y ovación tras aviso y leve petición.
David de Miranda (teja y oro), silencio en ambos.
Escrito por Álvaro Cabello