Las novilladas de este San Isidro continúan sosteniendo, por ahora, buena parte del interés y la verdad que tantas tardes les está faltando a las corridas de toros. Dos novilladas llevamos y dos Puertas Grandes se han abierto. Aunque conviene aclarar que no todas pesan igual en la memoria ni poseen la misma legitimidad ante el aficionado. La de Álvaro Serrano, apenas unos días atrás, tuvo el aroma inconfundible de lo auténtico: dos faenas de esas que dejan poso, que sobreviven al paso del tiempo y se instalan en la conversación de los aficionados. La de Julio Norte, en cambio, difícilmente permanecerá demasiado tiempo en el recuerdo de quien firma estas líneas. Asistimos a otra Puerta Grande de saldo, y uno no sabe ya si catalogarla como un regalo de Madrid, porque dudo seriamente de que existiera una mayoría de pañuelos en las peticiones del tendido; de lo que no hay duda es de que fue un regalo del palco presidencial. Venía concitando la tarde, además, el indudable interés de volver a ver los utreros de Fuente Ymbro tras la encastada corrida que Ricardo Gallardo lidió el pasado domingo. Hoy, sin embargo, nada más lejos de la realidad. Saltó a Las Ventas un encierro pobre de presencia y falto de casta en sus embestidas. Entre tanto, Pedro Luis dejó gratas sensaciones y Mario Vilau firmó con sangre una verdad incuestionable: Cataluña tiene torero para rato.
El salmantino Julio Norte ya transmite la nítida sensación de que el traje de novillero le viene chico. Con su alternativa ya anunciada en la plaza francesa de Dax, demostró un indudable oficio y la afirmación de que debe doctorarse cuanto antes. El tercero de la tarde fue un animal impresentable; no puede saltar una raspa de semejante pobreza al ruedo venteño. Por si fuera poco, el de Fuente Ymbro anduvo tan justo de raza y de fuerzas que amagó con rajarse casi desde el mismísimo inicio de la faena. Sobre esos mínimos, Norte estuvo firme, buscando mantener el viaje de su enemigo. Lo más destacado llegó en una última tanda al natural en los terrenos de las cercanías, trazada con indudable mérito, pero aquello carecía por completo de emoción. La estocada cayó baja, y el presidente concedió una bochornosa oreja ante una petición que en ningún caso fue mayoritaria.
No seré yo quien discuta, en cambio, la oreja que le arrancó al sexto. El de la divisa gaditana sí que lucía cuajo, aunque empobreciera por la cara. No era el utrero de más clase del envío, pero poseía esa movilidad perfecta para el enorme poderío del espada. Norte metió al público en vereda mediante un explosivo inicio de hinojos en el centro mismo del anillo, pasándose al novillo por la espalda antes de ligar dos buenas tandas de derechazos, administrando la amplitud y la altura necesarias para sostener las opciones del animal. Al presentarle la muleta con la zurda, el de Fuente Ymbro se coló directamente, propinando a Norte una seca y pavorosa voltereta. De ella se levantó el salmantino sin mirarse las ropas, en una actitud gallarda, para hilvanar dos nuevas tandas de calidad. Dejó derechazos buenos, largos y por abajo, si bien faltó esa distancia que el novillo requería. Esta vez sí lo pasaportó de una buena estocada.
También se presentaba hoy en Las Ventas el catalán Mario Vilau, y lo hizo dejando una gratísima impresión en el templo. El de Hospitalet no se guardó nada: a sus dos novillos marchó a recibirlos a porta gayola. Cuajó una obra de máxima entrega frente al noble segundo, construyendo un trasteo de menos a más ante un astado al que cogió el temple a la perfección. No le sobraban las fuerzas al pupilo de Gallardo, y Vilau encontró la mejor colaboración en unos naturales largos, enroscándoselo a la cintura y logrando que el novillo humillara. Por encima de las condiciones del burel estuvo el torero catalán. Mató de una estocada ligeramente desprendida que le valió una oreja concedida con cierta benevolencia.
Ese trofeo no lo pudo duplicar ante el quinto. El novillo resultó bronco y áspero; el mérito de Vilau se halló en una impecable colocación, aunque el tremendo esfuerzo estaba pasando desapercibido para el tendido hasta que sobrevino el percance. El de Fuente Ymbro lo levantó a cámara lenta, infiriéndole una cornada en el muslo. Sin enmendarse, el torero permaneció en la cara del animal, empleando un corbatín a modo de heroico torniquete para taponar la herida. Se volcó tras la espada cobrando una estocada demasiado trasera. Vilau dejó patente su indiscutible pundonor y su carácter en una tarde de máxima seriedad, presentando sus credenciales en la primera plaza del mundo.
Pedro Luis dejó su sello de salida con dos verónicas de exquisito temple al feo primero, antes de que el astado saliera muy suelto de los capotes. No paró el fuenteymbro de pegar volteretas, clavando los pitones en la arena de manera alarmante. Era un auténtico manojo de nervios el animal, que derribó casi sin tocar al caballo en el primer encuentro, para luego marcharse suelto al picador que guardaba la puerta y dejarse pegar de nuevo en la contraquerencia. Ya asomaban los pañuelos verdes pidiendo la devolución, pero este nos lo tuvimos que tragar. Brindó al respetable el torero peruano para ejecutar unos bonitos estatuarios iniciales. La voluntad del astado no era mala, pero pecó de una falta de fuerzas alarmante. Porfió el novillero en una labor tan larga como anodina que jamás tomó vuelo, lastrada por algún que otro enganchón y la menguante entrega de su oponente. La estocada quedó ligeramente desprendida.
Sí que cuajó, con absoluta pureza y temple, un extraordinario manojo de naturales al cuarto. Sucedió ante la más injusta indiferencia del tendido. Al de Fuente Ymbro le costó humillar y pronto amagó con buscar las tablas, algo que el peruano impidió a base de firmeza en lo que terminó siendo una faena larguísima. Lamentablemente, lo bueno acabó por difuminarse en el metraje excesivo. Para colmo, el trasteo concluyó con un rosario de pinchazos, teniendo que recurrir al descabello justo cuando sonaba el segundo aviso.
LA RESEÑA
Plaza de Toros Monumental de Las Ventas. 10ª de abono, Feria de San Isidro. Martes 19 de mayo de 2026. ¾ de plaza.
Novillos de Fuente Ymbro 🟢: una escalera de presentación, muy pobres de cara, algunos con mucho cuajo y otros terciados y vareados. En general, descastados y de escaso juego.
Pedro Luis (grosella y oro), silencio y silencio tras dos avisos.
Mario Vilau (espuma de mar y oro), oreja y ovación.
Julio Norte (gris perla y oro), oreja tras aviso y oreja.
Escrito por Álvaro Cabello