Hay fechas que en Las Ventas pesan más que el granito de sus columnas. El 2 de mayo, día de la Comunidad, la monumental se viste de Goya para recordarnos que aquí, en el corazón de la calle Alcalá, el toreo sigue siendo una cuestión de honor y de raíces. Con un cartel de toreros de esta afición y el mal presagio de una corrida de El Pilar que venía de encadenar varios petardos de época, Madrid se preparaba para lo mejor y para lo peor. Al final, ni hubo desastre ganadero ni gloria plena, pero sí el aroma de dos toreros que, cada uno a su forma, recordaron por qué esta plaza es su casa.
Abrió plaza “Niñito”, un astado que de infantil solo conservaba el nombre. Fue un toro cuajado, de trapío serio y percha ofensiva por su impecable armadura. Si bien se empleó en el tercio de varas, el castigo fue mal ejecutado. Durante la lidia, el ejemplar de El Pilar no tardó en evidenciar una preocupante falta de entrega, punteando los engaños sin humillar. Las plazas de toros, quizás el último reducto de la democracia más pura, vivieron ese contraste de pareceres cuando Uceda Leal brindó a la presidenta Isabel Díaz Ayuso: una amalgama de ovaciones y pitos que se fundieron en el rugido del tendido. Ya con la muleta, el animal desarrolló una embestida bronca y rebrincada. El trasteo de Uceda resultó irregular, un querer y no poder donde el enganchón empañó la estética. El toro, que se revolvía sobre las manos y se quedaba corto protestando, impidió cualquier atisbo de ligazón. Ante tal incomodidad, el madrileño resolvió con una estocada habilidosa.
El cuarto despertó los olés más profundos con el recibo de Uceda: verónicas de manos bajísimas y trazo corto, preñadas de una cadencia que culminó en una media exquisita. Sin embargo, el espejismo se disipó en banderillas, donde la cuadrilla protagonizó un desordenado y funesto tercio; un espectáculo terrorífico. Uceda, es torero de mi devoción, lo confieso, pero hoy no terminó de encontrar el sitio ni el ritmo. Frente a un toro sin clase, ayuno de fuerzas y que embestía sin descolgar, la faena se diluyó en la irregularidad. Con los aceros tampoco hubo fortuna. Tarde gris para el madrileño.
El Cid compareció en Madrid con una disposición incuestionable, aunque volvió a tropezar con su eterno talón de Aquiles: la espada. Al segundo lo recibió ganándole terreno hacia los medios con verónicas verticales, rematadas con dos medias enroscadas en la cintura que fueron puro cartel de toros. Excelso fue también el quite por chicuelinas de Javier Cortés, llevando al toro toreado, embebido en los vuelos. En banderillas, Rafael González vivió un calvario al ser perseguido hasta las tablas en ausencia de capotes al quite, alcanzando el burladero por milagro. La faena de El Cid preñada al natural, se fraguó tras una trinchera relajadísima a pies juntos. Con la zurda, el de Salteras desempolvó naturales marca de la casa. Pese a que el animal lanzaba miradas de incertidumbre antes del embroque, fue puliendo el defecto a base de colocación, ofreciendo el pecho y buscando el pitón contrario con trazos profundos y curvilíneos. Madrid vibró con su torero predilecto, especialmente en una fase final de naturales soberbios, citando muy enfrontilado. Pero el idilio se rompió, como tantas veces, con la tizona. Un rosario de pinchazos precedió al momento en que el toro dobló por agotamiento.
En el quinto, un ejemplar mucho más complejo que no terminó de romper, El Cid se justificó sin llegar a acoplarse, volviendo a pinchar con el acero.
Regresaba Javier Cortés a su feudo con la expectación por bandera. Brindó el tercero al respetable tras un soberbio par de Iván García. Fue una faena de maduración y paciencia. Por el pitón derecho logró una tanda de gran calado por su profundidad y entrega, culminada con una trinchera monumental y despaciosa. El toro se fue aplomando. Al natural no se entendieron. Una estocada muy baja enfrió los ánimos.
Con el cierraplaza volvió a rugir el templo venteño. Cortés estuvo dignísimo, gobernando la codiciosa embestida del de El Pilar con tandas de mando y poderío sobre la diestra. Hubo encaje, verdad y mano baja. Pese a que el toro hubiera agradecido algo más de sitio, el madrileño apostó por la ligazón y la sinceridad, repitiendo el toro con franqueza. Al natural, el celo del animal disminuyó. Rompió en una tanda muy ligada y jaleada por derechazos antes de ir a por la espada, en la que cuando intentó el pase de pecho el burel clavó los pitones en la arena, y tornó en una trincherilla de una belleza descomunal, echándose todo el animal por delante. Tenía cortada una oreja de peso, pero un bajonazo feísimo la esfumó.
LA RESEÑA
Plaza de Toros Monumental de Las Ventas. Tradicional Corrida Goyesca del 2 de mayo, Día de la Comunidad de Madrid. Sábado 2 de mayo de 2026. Casi lleno.
Toros de El Pilar 🟢⚪: correctos y desiguales de presencia, serios y astifinos. El sexto “Niñito” fue bravo.
Uceda Leal (naranja e hilo negro), silencio en ambos.
El Cid (verde botella e hilo negro), ovación tras dos avisos y silencio.
Javier Cortés (blanco e hilo negro), silencio y silencio tras aviso.
Notas: se interpretaron los acordes del Himno Nacional de España al finalizar el paseíllo. Saludó Rafalel González tras parear al segundo. Hizo lo propio Pablo Gallego en el sexto.
Escrito por Álvaro Cabello