Las novilladas de este San Isidro están resultando un éxito total y rotundo en los números. Tres funciones de utreros van en el ciclo y tres Puertas Grandes se han abierto ya en el feudo venteño. Julio Méndez ha sido esta vez el protagonista de la foto, desorejando a un extraordinario pupilo de Conde de Mayalde tras una faena de gran intensidad, variedad y excelso temple. Sin embargo, entre el desatado éxtasis del triunfo de masas, emergió la figura de Emiliano Osornio para deletrearnos el toreo con letras de oro. ¿Qué misterio indescifrable tendrá la pureza? Uno no sabría explicarlo con meras palabras. Pero entre tanto alboroto, allí prevaleció su verdad. Y prevalecerá ese concepto en nuestras retinas; al menos en las de los pocos que nos enteramos de lo que verdaderamente ocurre en el ruedo.
¡Viva México carajo! Y viva Emiliano Osornio, y viva su toreo. Al cuarto de la tarde lo recibió con un ramillete excelso de verónicas preñadas de una magnífica y honda expresión. El prólogo muletero trajo consigo dos estatuarios colosales y dos naturales en un torerísimo e inapelable prolegómeno. La faena a partir de ahí se hilvanó cosida a detalles de sublime gusto, tales como una trinchera bellísima que coronó la segunda tanda de derechazos. Pero al natural aquello fue oro puro. El de Conde de Mayalde respondió con boyantía al magnífico e inteligente planteamiento del azteca. De uno en uno, con los flecos de la franela, llegaron los naturales del más estricto corte purista, ofreciendo el pecho de verdad, cargando la suerte y dibujando la embestida curvilínea, todo mientras Osornio permanecía asentado en la arena, inmóvil como un poste. Colosal. Todo lo que hacía poseía un precio carísimo, aunque en los tendidos nadie se enterase de la misa la mitad. Regresó a la diestra en otra tanda rotunda que remató con una nueva trinchera de esas que te arrancan el ¡olé! seco y desgarrado de la garganta. El epílogo fue, sin ambages, de lo más caro que ha visto esta plaza en toda la feria: el natural a pies juntos, con el cuerpo a compás, una armonía perfecta en un trazo apolíneo y otra trinchera monumental. Qué pena más grande que la primera estocada hiciese guardia, porque aquello era una oreja de ley. El segundo intento, arriba.
Antes, en el abreplaza, el varilarguero Santiago Pérez, en una flagrante demostración de ineptitud, picó rematadamente mal y hasta en cuatro ocasiones al novillo. Emiliano Osornio poco más que voluntarioso pudo estar ante un animal que se defendió de salida, sin clase alguna, siempre a la defensiva y a medio embestir. Lo despachó de una estocada contraria.
El magnífico "Babiero" moriría con el honor de la vuelta al ruedo póstuma en los arrastres, pero sin las peludas puestas. Aquí entramos, lógicamente, en el eterno debate de si el animal merecía o no tal distinción. Para quien escribe estas líneas, no. Fue un toro de bandera para la muleta, es innegable, sin embargo, aunque empujó en la primera puya, en el segundo encuentro salió suelto y sin emplearse de verdad. La faena de Julio Méndez no comenzó precisamente de la mejor manera, pues al intentar ligar en redondo de hinojos, el astado dio dos vueltas de campana que hicieron temer lo peor. Sin embargo, aquello remontó a más. A muchísimo más. Los derechazos llegaron templadísimos, con un relajo y una verticalidad suprema en el extremeño, rematando la primera serie con una trinchera a pies juntos preciosa que desató la locura colectiva. El buen "Babiero" buscó siempre los vuelos por abajo con una clase infinita. Méndez se mostró lúcido en todo momento, estructurando muletazos ligados de muchísima intensidad. Al natural continuó la alegre y boyante embestida del animal en trazos largos y de perfecta ligazón. El epílogo por bernardinas, de auténtico infarto y ajustadísimas, terminó de encender la mecha. La estocada cayó baja; se tiró a matar con todo, eso sí, pero bajo ningún concepto se pueden otorgar las dos orejas en Madrid con una espada de esa condición.
No bajaría un solo ápice su nivel de actitud frente al sexto de la función. Se marchó a porta gayola para recibirlo, firmando una larga cambiada en la que tuvo que jugarse el tipo e irse materialmente al suelo para evitar que el novillo lo arrollara. Tras el escalofrío, recogió al astado en el tercio con una larga de rodillas, dos verónicas donde el de Mayalde se dio una voltereta y dos chicuelinas de adorno rematadas con una buena media. Diseñó entonces una labor de pura ambición, exhibiendo su mayor virtud: la ligazón. Fueron muletazos largos y cosidos ante un enemigo noble al que, desagraciadamente, le faltó fondo al final. De haber estado certero con la tizona, le arranca otra oreja.
Por su parte, Pedro Montaldo pasó hoy totalmente desapercibido por el ruedo de Madrid. Sorteó un lote descastado y sin opciones que se apagó de manera prematura. Para colmo de males, tampoco se vio al espada lo suficientemente centrado ni con los recursos necesarios para inventarse la faena. Un paso gris que se diluye en la noche isidril.
LA RESEÑA
Plaza de Toros Monumental de Las Ventas, Madrid. 16ª de abono, Feria de San Isidro. Martes 26 de mayo de 2026. Casi lleno.
Novillos de Conde de Mayalde 🟤🔴: de correcta y desigual presencia. Desiguales en el juego a su vez. Sobresalió el gran “Babieco”, tercero de la tarde.
Emiliano Osornio (verde hoja y oro), silencio y palmas tras aviso.
Pedro Montaldo (tabaco y oro), silencio en ambos.
Julio Méndez (celeste y oro), dos orejas tras aviso y silencio.
Notas: se le dio la vuelta al ruedo a “Babieco”, tercero de la tarde.
Escrito por Álvaro Cabello