Volvíamos a Las Ventas desde la Maestranza con el regusto del Corpus y la irritación a cuestas por el sempiterno problema del ganado. No hubo tregua en la capital, donde aguardaba una corrida de Juan Pedro Domecq de infame presencia y nulo trapío. Era uno de los carteles de mayor relumbrón de este San Isidro, una cita que reunía a tres espadas de corte clásico y excelso lirismo, pero todo quedó sepultado bajo un denso aluvión de sopor y descastamiento.
El diestro francés Clemente, que había dejado una gratísima impresión en Madrid el pasado año, regresaba ante una expectante afición, aunque la fatalidad quiso que solo pudiera estoquear al primero de su lote. El segundo de la tarde fue devuelto con justicia tras rodar por el suelo de manera reiterada. En su lugar asomó un sobrero de Montalvo, falto de trapío para esta plaza, que encendió las protestas de los tendidos. Para colmo, José María González firmó un tercio de varas nefasto. Clemente se plantó con firmeza e intenciones loables con la muleta, hilvanando tandas de buen trazo que lamentablemente chocaron contra la monumental sosería y la anodina embestida del astado. Ante el nulo eco en el tendido, el galo abrevió y pasaportó al toro de una estocada ligeramente desprendida.
En idéntico registro de entrega planteó su trasteo ante el quinto, ejemplar del hierro titular que a la postre resultó el más complicado y encastado de la tarde. Desde que Clemente lo recibió a porta gayola, donde a punto estuvo de ser arrollado, el zancudo astado dejó claro que no se iba a emplear, desarrollando un brusco genio que derivó en sentido defensivo. Tras brindar a Madrid, el francés inició su labor por estatuarios, un natural y dos de pecho de soberbio empaque, tragando una enormidad ante un animal que medía y apuntaba directamente al cuello. Las constantes tarascadas no descompusieron la figura ni la firmeza del torero, que hizo gala de una raza digna de elogio. Aguantó coladas por el pitón derecho, logrando someter la áspera embestida por abajo en muletazos de trazo largo y peligro. Logró dibujar dos naturales excelsos, pero al perderle la cara un instante para mirar al tendido, el de Juan Pedro hizo por él, venciéndose directo a la pierna, siendo prendido en eternos segundos, que hicieron temer una pavorosa cornada. Milagrosamente, el pitón no rompió la carne, quedando todo el percance en una luxación de codo que le impidió continuar. Uceda Leal se hizo cargo de la situación para pasaportar al astado de una media estocada.
De medias estocadas anduvo la jornada de Uceda Leal, pues despachó de idéntica manera a los tres astados que cayeron en su lote. Tanto al descompuesto primero como al áspero cuarto, que no regaló ni una sola embestida franca, el veterano diestro les robó muletazos sueltos de indiscutible sello y calidad artística. Sin embargo, la excesiva intermitencia entre las series diluyó el peso de su labor, sirviendo apenas para arrancar tímidos aplausos.
Por su parte, a Pablo Aguado le va a pesar en demasía su paso por el ciclo isidril. Tres tardes en el abono que se han saldado con una preocupante sensación de apatía y desconexión. Si bien el día anterior en Sevilla le vi una gran disposición y momentos de hondo calado, el idilio con Madrid parece roto; el sevillano no se encuentra cómodo en este ruedo. Pasó por la tarde sin soltura, ayuno de convicción y visiblemente contrariado ante un lote de Juan Pedro Domecq que, si bien no ofreció opciones de triunfo, tampoco encontró en el torero la rebeldía ni el alma para inventar la faena.
LA RESEÑA
Plaza de Toros Monumental de Las Ventas, Madrid. 25ª de abono, Feria de San Isidro. Viernes 5 de junio de 2026. Lleno de “no hay billetes”.
Toros de Juan Pedro Domecq 🔴 ⚪: mal presentados, sospechosos de pitones y además de un pobre juego descastado, en líneas generales ásperos y con un genio defensivo; y Montalvo 🔵🟡 (2ºbis): basto pobre de cara y de una insulsa embestida.
Uceda Leal (carmesí y oro), silencio en ambos.
Clemente (grana y azabache), silencio y herido.
Pablo Aguado (maquillaje y oro), pitos y silencio.
Notas: saludó Iván García tras dos pares de mérito al sexto.
Escrito por Álvaro Cabello