La calurosa noche sevillana caía sobre la Real Maestranza a eso de las once y media, dejando como principal titular un muy grato, gratísimo debut de la ganadería de Pablo Mayoral en el albero baratillero. El encierro, de variedad en el juego, quedó sobradamente por encima del sexteto novilleril. A Sevilla tienen que venir los mejores; es totalmente comprensible que varios de los espadas, en su lógica bisoñez, muestren severas carencias técnicas ante astados de tanta exigencia, pero el templo maestrante exige un bagaje previo que hoy, se echó en falta.
Abrió la noche "Cuervo", el eral encargado de abrir la historia de la divisa verdiblanca en Sevilla, y su presentación no pudo ser más gratísima. El animal descolgó enormemente desde el saludo, viajando con el hocico a ras de albero. Curro Muñoz estuvo pleno de voluntad, pero erróneo en los terrenos y en el planteamiento. Inició de muleta con gusto y torería por bajo, hilvanando derechazos de cierto empaque ante la fijeza de un novillo de excelsa condición. Atesoraba el cárdeno una clase suprema por el izquierdo, pero ahí tardeaba más; Muñoz no terminó de dejarle la muleta puesta ni de cruzar la línea para forzar la repetición, emborronándolo todo en un auténtico mitin con la espada.
Antonio Santana demostró que atesora un concepto clásico de indudable proyección. Su saludo capotero llegó con vibrantes faroles de rodillas que luego se tornaron en entregadas verónicas, lanceadas con un lacio capote de vueltas verdes delatando en el trazo el préstamo y la sombra del genio de La Puebla. El prólogo de su quehacer tuvo un planteamiento impecable en las formas —genuflexo, torerísimo y rebosante de gusto—, antes de estrellarse contra un novillo complejo, de mejor embroque que finales, que soltaba incómodas tarascadas al término de cada muletazo. Irreprochable la actitud del joven del Puerto, que lo puso todo ante la bronquedad del astado, firmando un epílogo intentando la suerte suprema sin la ayuda de la muleta, frustrado cuando el de Mayoral tapó la salida echando las manos arriba con violencia.
En el tercer capítulo, cuando el cónclave maestrante andaba ya más pendiente de los avíos de la cena que de lo que acontecía en el albero, Manolo Martínez derrochó voluntad frente a un ejemplar que no ofreció facilidad alguna, condicionado por esa molesta tendencia a hacer hilo tras los engaños. La faena discurrió entre altibajos habiendo demasiados enganchones, aunque, a base de insistir, el espada logró en parte descifrar la partitura de la embestida. Lo más granado de su obra brotó sobre la mano zurda en una tanda más acoplada, limpia y de pausado temple ante un animal que, dentro de su indudable complejidad, resultó interesante. Pasaportó Martínez al astado con una media estocada en buen sitio.
La cumbre ganadera de la velada llevó por nombre "Madrugador", un cuarto eral que derrochó una bravura incontestable y una entrega absoluta en los vuelos de la muleta. Roberto Cordero trenzó una faena de claro corte ascendente; si bien le costó encontrar el sitio en los compases iniciales, supo serenar el pulso para acoplarse al franco y rítmico galope del animal. El cenit de su obra llegó al echarse el engaño a la magnífica mano izquierda, cincelando naturales verdaderamente sensacionales, hondos y de ceñido ajuste. Ahí se asentó el novillero, corriendo la mano con profundidad y cosiéndose la embestida detrás de la cadera en trazos preñados de humillación. El de Pablo Mayoral pedía un listón aún más alto, pero Cordero firmó una actuación digna a secas.
El clamor en los tendidos estalló en el quinto pasaje gracias al capote de Cristian Restrepo, cuyas verónicas fueron jaleadas con ruidosa y de pocas formas, pasión por sus numerosos partidarios. El espada colombiano estructuró una faena entregada ante un novillo de arrolladora, exigente y nada franca movilidad. Fue un animal que por momentos le restó el aire al novillero, pero que no logró descomponer su firme disposición. Restrepo aguantó la arremetida antes de finiquitar su labor de un pinchazo y una estocada algo desprendida.
El cierre de la función corrió a cargo de Juan Vidal, quien quizá dibujó la faena más redonda e inteligente de la noche, haciendo gala de una agradecida madurez y una encomiable plenitud de oficio. Vidal brilló en un puñado de naturales limpios, templados y de bellísima factura, aprovechando el noble y largo recorrido del ejemplar de Mayoral, un astado de dulce condición al que solo le faltó un soplo más de empuje. Se atascó con los aceros y dio una vuelta al ruedo.
LA RESEÑA
Real Maestranza de Caballería de Sevilla. 2ª Novillada de Promoción. Miércoles 1 de julio de 2026. ¼ de plaza.
Novillos de Pablo Mayoral 🟢⚪: bien presentados y de buen e interesante juego. Extraordinarios primero y cuarto; complejo pero de interés y opciones el tercero; noble el cuarto; y deslucidos segundo y quinto.
Curro Muñoz (verde esperanza y oro), silencio tras dos avisos.
Antonio Santana (rosa palo y oro), silencio tras aviso.
Manolo Martínez (verde oliva y oro), ovación tras discreta petición.
Roberto Cordero (verde botella y oro), vuelta al ruedo tras petición.
Cristian Restrepo (blanco y oro), ovación.
Juanmi Vidal (sangre de toro y oro), vuelta al ruedo tras aviso.
Escrito por Álvaro Cabello