La noche sevillana vistió sus mejores galas para dar la bienvenida al futuro del toreo. Arrancó el ansiado ciclo de novilladas nocturnas de promoción. Había expectación en los tendidos, ganas de descubrir nuevos valores y ese runrún tan propio del Baratillo cuando la juventud se planta en el ruedo con el alma en un hilo y los sueños intactos. La cita cobraba además un interés especial con el debut en este albero de la ganadería de Polo Sáiz, una divisa que hacía su presentación en Sevilla y que lo hizo de muy buenas maneras, lidiando un encierro de nota, variado, serio y con erales que ofrecieron interesantes opciones de triunfo. Por la puerta de cuadrillas asomaban seis esperanzas dispuestas a todo, dispuestas a cruzar la delgada línea que separa el anonimato de la gloria taurina frente a un ganado que midió con rigor la capacidad de la terna.
Abrió la noche "Reglamento", un bellísimo eral salinero de Polo Sáiz que, pese a su discreto trapío, supuso el debut de esta divisa en el coso del Baratillo. Frente a él, Manuel León inauguró el certamen marchándose decididamente a chiqueros para recibirlo a porta gayola. El astado, áspero, frío, manoseó los percales saliendo suelto y costoso, enseñando un incómodo punto de genio. Supo esperarlo el sevillano para dibujar verónicas de vertical estampa, antes de intentar fijarlo por chicuelinas de mano baja a un animal que seguía siendo un desentendido manojo de nervios. Tuvo torería y gusto el prólogo de muleta: de hinojos ayudados por alto, antes de que la faena se adentrara en los terrenos de la madurez. El de Polo Sáiz exigía telas limpias y vuelos precisos para no terminar de descomponerse; si bien por el pitón derecho regaló embestidas potables que León hilvanó con gusto, quietud y colocación, por el izquierdo se desordenaba por completo debido a su condición rebrincada. El torero cimentó los pasajes más rotundos por la diestra, donde olvidó la estética accesoria para entregarse al sometimiento puro, encauzando y templando la desordenada acometida antes de abrochar la obra por ceñidas bernadinas. Recetó una estocada contundente, y no cuajó la mayoría de pañuelos. Por la seriedad del contenido habría sido de rigurosa justicia una oreja. Dio una vuelta al ruedo.
El listón seguía en alto para Ignacio Sabater quien buscó también la puerta de chiqueros, pero la excesiva distancia difuminó el envite al no atender el novillo a su llamada; tuvo que ser ya en el tercio donde encandilara a los tendidos con vibrantes faroles de rodillas. El de Polo Sáiz fue un eral con más cuajo, noble, pronto, con fijeza y una franca clase en sus repeticiones; un animal de nota que, a la postre, terminó por acusar el lógico desgobierno de un novillero al que aún le falta el bagaje necesario para someter tal calidad. No obstante, pleno de voluntad y disposición durante todo el trasteo, Sabater logró templar su bisoñez en una estimable serie al natural, conduciendo al astado embebido en los vuelos en los pasajes más reunidos de una labor con altibajos. Una estocada muy contraria desató la petición de sus numerosos partidarios que debieron guardar mejores formas, cortando una oreja tras aviso.
Las mejores embestidas de la noche llegaron de la mano del tercero, el eral más serio y de mejor nota del encierro. Aunque no pareció sobrado de fuerzas en el capote y midió sus energías en los primeros compases, terminó por sacar un agradecido fondo de noble franqueza. Cristóbal de Lara dejó un inicio de faena girando con la rodilla en tierra, evocando el sello patentado por Talavante. A partir de ahí, el onubense basó su obra en un concepto puramente personal, buscando siempre el relajo y acompañando la embestida con la cintura en templados, estéticos y profundos derechazos. El trasteo bajó de tono al natural, donde el viento comenzó a molestar la limpieza de los trazos, echándose de menos una mayor estructura y continuidad; con todo, Lara apuntó muy buenas formas y un sello propio, pasaportando al astado de una estocada ligeramente desprendida que le otorgó una oreja.
El reverso de la moneda lo vivió Íñigo Norte con el cuarto de la función, otro salinero abanto y muy suelto de salida que cantó su mansedumbre de inmediato, queriéndose rajar desde las primeras de cambio hasta quedar completamente encunado en las tablas de la Puerta del Príncipe. Tras un brindis al respetable, Norte estuvo impecable, derrochando una capacidad técnica al pelear para dejarle la muleta puesta en la cara, haciendo que el engaño fuera el único horizonte posible para sujetar las nobles pero huidizas embestidas del eral. Pese a que el manso siempre buscaba las tablas, el espada firmó una labor perfecta y plena de voluntad, en la que lo puso todo antes de emborronar su notable mérito al atascarse con la tizona. Todo quedó en una cariñosa ovación.
El aroma del toreo clásico se sintió con Armando Rojo, que caló hondo en el coso maestrante por su concepto purista y su garbo natural. Tras un vibrante tercio de banderillas donde Jesús Robledo "Tito" saludó tras dos notables pares, Rojo se enfrentó a un astado sensible a los toques, que exigía precisión quirúrgica. El joven espada anduvo clínico, puliendo su bisoñez al torear con los vuelos de la muleta, limpiando la embestida con sutileza y firmando muletazos por ambos pitones de excelsa clase, entre los que destacó una trincherilla de belleza descomunal. Fue una obra de impecable estructura y suma suavidad que, desgraciadamente, quedó sin rúbrica por el atasco con la espada. Perdió los trofeos entre la pesadumbre del respetable, pero dejó grabada su personalísima y gustosa firma en el albero, siendo despedido con una calurosa ovación tras escuchar un aviso.
Finalmente, cerró la noche "Sableador", un novillo, serio y con el temperamento más encastado y de mayor movilidad de la velada, exigiendo un mando preciso. Frente a él se plantó con tremenda autoridad el madrileño Daniel García, demostrando un valor seco y un oficio muy sólido. García se mostró muy asentado y voluntarioso durante todo el trasteo, impidiendo que las intensas embestidas le ganaran la acción. Se echó en falta algo más de sometimiento. Las tandas por el pitón derecho tuvieron una importancia notable y, tras un sincero empeño y una estocada trasera, el joven dio una vuelta al ruedo que clausuró una noche de gran interés dinástico y ganadero.
LA RESEÑA
Real Maestranza de Caballería de Sevilla. 1ª Novillada de Promoción. Jueves 25 de junio de 2026. ¼ de plaza.
Novillos de Polo Sáiz 🟢🔴: bien presentados, nobles y de buen juego en líneas generales. Destacó el buen tercero.
Manuel León (rosa palo y oro), vuelta al ruedo tras aviso.
Ignacio Sabater (carmesí y oro), oreja tras aviso.
Cristóbal de Lara (azul celeste y oro), oreja.
Íñigo Norte (verde agua y oro), ovación tras aviso.
Armando Rojo (catafalco y oro), ovación tras aviso.
Daniel García (sangre de toro y oro), vuelta al ruedo.
Notas: se desmonteró Jesús Robledo “Tito” tras parear al quinto.
Escrito por Álvaro Cabello