La mítica seriedad y el legendario trapío de los novillos de Celestino Cuadri volvieron a imponer su ley en Villaseca de la Sagra. Frente al imponente volumen de la divisa onubense, la tarde ofreció un contraste de acusados matices: desde el trago amargo y la angustiosa inexperiencia de un bisoño Santana ante la calleja más dura, hasta la firmeza sin fortuna de João D’Alva y, sobre todo, la eclosión artística de Jesús de la Calzada. El salmantino desnudó un toreo desconocido, mutando su corte en cierto modo, efectista por un concepto de majestuoso temple y verticalidad que, a pesar de los aceros, acabó rubricando la obra más importante y bella de la tarde.
João D’Alva no dudó en marcharse a los toriles para recetarle una limpia larga cambiada al serio novillo que abrió plaza. Un astado que acudió hasta en tres ocasiones al caballo, aunque sin emplearse lo más mínimo y repuchándose en el peto. Banderilleó el portugués con sobrada eficacia antes de enfrentarse a un astado de Cuadri que guardaba sus teclas y que perdió las manos en el prólogo del trasteo. D’Alva se lo llevó con decisión a los medios para echarse la muleta a la zurda. Era tardo el noble astado y declinaba la distancia corta; el novillero buscó la ligazón, pero el animal exigía ser el cite de uno en uno. No resultaba sencillo encauzar la embestida, lográndolo en aislados naturales de mano baja y trazo largo. Pinchó quedándose en la cara para ser prendido de mala manera, buscándolo el animal con saña en el suelo en un lance que afortunadamente quedó en susto. Cobró una estocada defectuosa —contraria, atravesada y perpendicular— y requirió del verduguillo.
Durante la larguísima lidia del cuarto todo terminó por complicarse. Un animal cada vez más orientado, aquerenciado y a la defensiva que planteó una papeleta de enorme compromiso. João D’Alva debió mostrarse firmísimo y decidido ante un Cuadri que venía rebrincado, con mucho peligro y soltando la cara al llegar al engaño. Por el izquierdo se los tragaba si se veía muy claro, una empresa prácticamente imposible ante un pitón derecho que rebañaba hacia dentro buscando la cogida. Entregado el portugués, pinchó en repetidas ocasiones ante las enormes dificultades para tirarse a matar por semejante lado, atascándose posteriormente con el descabello.
Jesús de la Calzada dio una sorpresa muy grata. A un espada al que siempre se le reconoció un valor espectacular y un corte de tintes efectistas, lo descubrimos hoy bañado en un regusto elegante y vertical. Al buen segundo lo saludó con verónicas de refinado temple, abrochadas con una media a pies juntos cuajada de torería. Tras brindar al público, tejió un inicio de faena repleto de relajo y sabor a base de trincherillas y pases de la firma. Brotó acto seguido el toreo al natural en muletazos de bellísima factura, aprovechando la noble condición de un de Cuadri dotado de una humillación de clase escandalosa, ritmo y prontitud. Tras un inoportuno desarme cuando una trincherilla se quedó dormida, emergió la serie cumbre, ligando con absoluta verticalidad naturales sensacionales, de mano muy baja y corriendo la tela con infinita longitud, aguantando el preciso impasse del astado entre uno y otro. Tras ir a por la tizona, regaló otra tanda extraordinaria. Sin embargo, tras torear con tanto empaque, un pinchazo feo y una estocada haciendo guardia arruinaron un triunfo de clamor. No se puede matar tan mal, habiendo toreado tan bien. Otro trofeo de peso volatilizado por la espada en este Alfarero.
El quinto fue el que empujó con mayor fijeza en el peto, aunque sin grandes alharacas. De la Calzada buscó siempre la impecable colocación y el pitón contrario para meter en la muleta la exigente embestida de un astado algo tardo. Fue en los compases finales donde logró estructurar la mejor tanda de la labor. Actuación de mérito que, tras un pinchazo arriba, remató con una buena estocada para pasear una oreja de incuestionable peso.
El tercero de la tarde tardó una eternidad en salir de chiqueros, y cuando lo hizo vimos un auténtico toro, muy cuajado y con imponentes cuartos traseros. No lo puso fácil en una lidia donde buscó de continuo las tablas y se defendió con aspereza. El Niño de los Barrios pasó un trago amarguísimo tras colocar al novillo en el peto, perdiendo pie y cayendo a merced del astado, que hizo por él sin consecuencias que lamentar por puro milagro. En banderillas persiguió la querencia el de Cuadri, pero allí emergió la figura monumental de Iván García para prendarle dos pares de época; el segundo, dando todas las ventajas al animal en la mismísima querencia y apretando el novillo. Estratosférico. La plaza en pie. Por su parte, Antonio Santana, recién debutado con caballos y excesivamente verde, vivió un auténtico calvario ante un novillo de orientado peligro ante el que se requería una firmeza absoluta. Quedó en evidencia la irresponsabilidad de anunciar a espadas de tan escaso bagaje ante corridas de semejante calibre y dureza, sufriendo un tormento para lograr finiquitarlo.
Con el encastado sexto se mostró voluntarioso, robándole algún muletazo estimable antes de que el novillo terminara rajándose por completo, cerrando su actuación con otro sainete con los aceros.
LA RESEÑA
Plaza de Toros “La Sagra”, Villaseca de la Saga. 7ª de abono de el XXVI Alfarero de Oro. Jueves 10 de septiembre de 2026. Media plaza.
Novillos de Cuadri 🟣🟡⚪: de excelente presencia, auténticos toros muy serios, cuajados y astifinos. No se emplearon en el caballo.
Joao D´Alva (rosa y oro), silencio tras aviso en ambos.
Jesús de la Calzada (azul celeste y oro), ovación tras aviso y oreja.
Antonio Aparicio (nazareno y oro), silencio tras aviso y silencio
Notas: se interpretaron los acordes del Himno Nacional de España a la finalización del paseíllo.
Saludó Iván García tras parear al tercero.
Escrito por Álvaro Cabello de la Haba