Mientras el mes de septiembre se estrena entre la amargura generalizada por el retorno a la rutina, a los aficionados a los toros nos invade una jubilosa certeza: arranca un mes de enorme intensidad taurina. Si algo distingue a este tramo del calendario es el protagonismo de los grandes ciclos de novilladas, entre los que emerge con luz propia el Alfarero de Oro de Villaseca de la Sagra. La vigésimo sexta edición echó a andar con un encierro de Ana Romero de extraordinaria y seria presencia, pero que no terminó de romper. En líneas generales primó la nobleza, echándose en falta la exigente casta que la divisa derrochó el curso pasado, sobre todo en la suerte de varas. Frente a ellos, una digna terna novilleril donde sobresalió el excelente concepto y buen toreo de Ruiz de Velasco.
Abrió esta nueva edición Jesús Romero ante un primer utrero de potable ritmo, pero de deslucida sosedad, negado de salida a humillar. La faena, huérfana de estructura y estirada en el tiempo, se desmoronó indefectiblemente. Brotaron pasajes estimables sobre la diestra, conduciendo al cárdeno con limpieza y largura, pero el natural sacó a la luz la condición incierta del animal, que terminó prendiéndolo de forma espeluznante. Un prodigio divino evitó la tragedia. Con el novillo entregado a la nada, Romero cobró otra pavorosa voltereta al entrar a matar. Segundo milagro de la tarde antes de rubricar un bajonazo.
Dispar en hechuras y pelaje, sería el novillo por edad, y toro por presencia que hizo de cuarto. Sembró el pánico en banderillas cortando el viaje con agrio peligro. Romero naufragó después en un trasteo denso e interminable ante la vacuidad del oponente. La falta de casta y las continuas distracciones del de Ana Romero hicieron estéril la muchedumbre de pases. Cumplió con el acero mediante una buena estocada habilidosa.
El segundo que fue otro novillo muy serio, lucía dos dagas por pitones, con una navaja barbera sobre el diestro. Sergio Rollón abrió faena con unos ayudados por alto aderezados por una trincherilla de fino encaje. Su labor fue un ejercicio de progresiva ascendencia, desarmó las prisas y el desajuste inicial para asentarse sobre la zurda y brotar en un toreo al natural de soberbio trazo. Sin que el cárdeno terminara de humillar, Rollón le voló los vuelos a la cara, hilvanando tandas alargando el muletazo. Emborronó su obra con un feísimo bajonazo.
Volvió a estar sensacional y esta vez más ajustado en los naturales que ligó a un quinto que mantuvo el denominador común de la nobleza, pero de fuerzas tan justas que protestó soltando la cara. Esta vez la espada le volvió la espalda y tras tres pinchazos arriba dejó una estocada trasera.
Entre las verónicas de buen aire con las que Ruiz de Velasco saludó al tercero, el de Ana Romero le metió una zancadilla y lo volteó con saña. Tercer milagro de una tarde de milagros. No apretó el animal en el peto y José Manuel Mas saludó una ovación tras banderillear con maestría. Lo que vino después en la muleta fue obra del mimo y la inteligencia de Ruiz de Velasco que transmutó la embestida del animal a base de un trato exquisito. Tirando de colocación y planta firme y asentada, extrajo el fondo noble del utrero en naturales de bellísima factura y acusada personalidad. Broche de oro a pies juntos, trayéndose la embestida detrás de la cadera. Si bueno fue su toreo a izquierdas, sublime fue el bellísimo volapié que enterró la espada en todo lo alto y que le permitió cortar una oreja de las que pesan.
Muy pinturera fue su faena al sexto, realizada íntegramente con la montera calada. Velasco profundizó en su virtuosismo al natural, toreando a compás, cargando la suerte y ofreciendo el pecho con infinita suavidad ante las cortas acometidas del novillo. Se terminó apagando del todo el astado, acabando desentendido y mirando a las nubes, lo que dificultó la suerte suprema. Tras un pinchazo y enhebrar, dejó media estocada.
LA RESEÑA
Plaza de Toros “La Sagra”, Villaseca de la Saga. 1ª de abono de el XXVI Alfarero de Oro. Jueves 3 de septiembre de 2026. Media plaza.
Novillos de Ana Romero 🟡🔵: muy bien presentados y astifinos, en conjunto muy nobles, de variado juego, aunque no terminó de romper un encierro que aun sí mantuvo cierto interés. Mejores los tres primeros y de menor y escasa entrega la segunda parte.
Jesús Romero (blanco y plata con los cabos negros), palmas y silencio tras aviso.
Sergio Rollón (verde esperanza y oro), ovación tras leve petición y silencio.
Ruiz de Velasco (purísima y oro), oreja y silencio tras aviso.
Notas: Al finalizar el paseíllo, se guardó un minuto de silencio en memoria de Jesús Esteban. A continuación, se interpretaron los acordes del Himno Nacional de España. Saludó José Manuel Mas tras parear al tercero.
Escrito por Álvaro Cabello de la Haba