La imprevisibilidad y la exigencia de la materia prima volvieron a dictar sentencia en una jornada en Villaseca donde la seriedad de la divisa de Alcurrucén puso a prueba la capacidad y la verdad de una terna dispuesta. Frente a la complejidad de los novillos, la tarde ofreció pasajes de altísimo contenido para el aficionado: desde el magisterio y el sabor añejo de López Peregrino hasta la firmeza absoluta de Juan Alberto Torrijos y la dimensión de Rafael de la Cueva, que acarició el triunfo tras firmar los momentos de mayor temple del festejo.
Apertura de tarde para un cuajado y serio novillo de Alcurrucén, generoso de pitones y de amplia arboladura, que resultó fiero y codicioso en el capote de López Peregrino, saliéndose con él hacia los medios con soberano dominio. Derribó el astado en el primer puyazo para emplearse con celo en el segundo, aunque acusando cierta pérdida de fortaleza tras el castigo. No puso las cosas sencillas el burel, transcurriendo el trasteo entre la plausible voluntad del jerezano por hacer las cosas con absoluta pureza, colocándose de frente y ofreciendo el pecho. Sin embargo, el de Alcurrucén lució una embestida áspera y descompuesta, marcada por un molesto cabeceo dentro de su notable movilidad que, sumado a su endeble condición, provocó inevitables enganchones. Quiso el espada volcarse a matar prácticamente en los medios, pero pinchó al no encontrar la colaboración del animal; el segundo golpe de acero hizo mella y la faena echó el cierre.
La verdadera dimensión de López Peregrino brotó ante el cuarto, un animal imponente, tremendamente serio y ofensivo de arboladura que no se entregó en el saludo capotero del jerezano, quien aun así dejó una media de mucha torería. Juan Melgar protagonizó un extraordinario tercio de varas picando en la mismísima yema a un astado nada fácil, que acudió al peto con la cara por las nubes y a la defensiva, firmando una de las actuaciones más importantes de la temporada desde el caballo. Se orientó el burel en banderillas antes de que Peregrino estructurara una labor de menos a más, cuajada de tesón, entrega y autoridad. Estuvo muy por encima de una embestida seca que nunca quiso humillar, elevando el trasteo a base de buen gusto con una serie de naturales a pies juntos con ese aire inconfundible del barrio de San Bernardo, a pesar de ser este de Jerez. Hubo suavidad, empaque y una composición estética no exenta de mando, salpicada de retazos de toreo antiguo para dar vida a una obra de escaso eco en los tendidos, pero de enorme contenido. Cobró una estocada muy baja tras entrar completamente derecho tras el acero, sufriendo una voltereta sin consecuencias.
El precioso berrendo en cárdeno que hizo de segundo midió una barbaridad a Juan Alberto Torrijos. El de Alcurrucén manseó durante el tercio de banderillas, mostrándose abanto y remando hacia las tablas. Enorme fue la actuación de Filipe Gravito al prender dos pares expuestísimos que hicieron a la plaza ponerse en pie para saludar una cerrada ovación. Torrijos estuvo valientísimo en la muleta, firme como una roca para aguantar las constantes miradas y parones de un animal siempre a la defensiva al que no se le podía dudar. No vaciló el novillero, buscando invariablemente el pitón contrario y llegándole con los vuelos para provocar la arrancada, logrando hilvanar templadas series en los compases finales. Dejó una estocada trasera y tendida, pero se atascó con el verduguillo antes de que el astado echara el cierre a su pelea. Perdió una oreja cantada por el mal uso del acero, dejando la grata impresión de un torero de ideas claras y tremenda seguridad.
Poco pudo hacer Torrijos más allá de entregarse ante un quinto feote por zancudo y largo, adolecido de una aspereza brusca y de tan solo media arrancada. Tras plantar cara a las imposibilidades del oponente, dejó un pinchazo y una media estocada en excelente sitio.
Otro aire completamente distinto trajo el tercero de la función, dotado de una embestida de mayor tranco que aprovechó Rafael de la Cueva en un notable recibo capotero. El venezolano vislumbró el triunfo en un inicio tan bonito como hierático por ayudados por alto muy ceñidos, aderezados con un pase del desdén sublime. La faena fue en claro ascenso; le costó acoplarse de inicio ante un pitón derecho que embestía con celo pero que le atosigó en exceso al no atemperar la velocidad del burel. La obra alcanzó su cenit al natural, donde brotaron muletazos limpios, despaciosos y de bella factura, fajándose con el novillo para encauzar el virtuoso pitón izquierdo de un animal pronto y enclasado. Las mondeñinas finales resultaron de un ajuste supremo. Una media estocada contraria fue suficiente para que paseara la única e importante oreja de la tarde.
No pudo redondear su triunfo ante un sexto sin recorrido alguno. Estuvo muy por encima del de Alcurrucén, extrayendo muletazos de uno en uno a base de infinita paciencia y perfecta colocación. Se atascó con el acero al acusar una lesión en el hombro izquierdo que le impedía presentar la franela en el hocico.
LA RESEÑA
Plaza de Toros “La Sagra”, Villaseca de la Saga. 5ª de abono de el XXVI Alfarero de Oro. Lunes 7 de septiembre de 2026. ¾ de plaza.
Novillos de Alcurrucén 🔵⚫: de excelente presencia, tremendamente serios y astifinos, con apariencia de toros. En general ásperos y broncos. El único verdaderamente bueno fue el bravo tercero que fue pronto y tenía clase.
López Peregrino (verde manzana y oro), silencio y ovación.
Juan A. Torrijos (rosa fucsia y oro), silencio en ambos.
Rafael de la Cueva (verde botella y oro), oreja y ovación.
Notas: se interpretaron los acordes del Himno Nacional de España al finalizar el paseíllo.
Saludó Filipe Gravito tras parear al segundo, hizo lo propio Víctor del Pozo en el sexto.
Escrito por Álvaro Cabello de la Haba