La dureza, la exigencia y la imprevisible variedad de comportamiento de la divisa de José Escolar volvieron a convertir el albero en una auténtica prueba de fuego para una terna ayuna de rodaje. Frente a un encierro de seria presencia donde convivieron la nobleza de buena condición con la mansedumbre y la fiera alimaña de peligro sordo, el festejo ofreció el interesante contraste entre la apabullante falta de oficio y la dignidad. Sobresalió la figura de Alberto Donaire, que firmó los pasajes de mayor empaque y pureza de la tarde, mientras que Daniel Pérez y Emiliano Ortega vivieron la cara más amarga y didáctica del toreo, desde la inocencia hasta el trago amargo de lidiar con un astado con el doctorado en latín.
Daniel Pérez cuenta con tan solo una novillada a sus espaldas, y esa acusada inexperiencia acabó aflorando en el albero. Estuvo entonado y repleto de voluntad frente a un primero muy noble que demandaba que se le hicieran las cosas por abajo y sin brusquedades. Sacó el de Escolar un excelente pitón izquierdo por el que se desplazaba con largo recorrido, permitiendo a Pérez firmar sus mejores momentos, aunque algo tardíos al verse agobiado durante todo el trasteo a causa de la falta de rodaje e ideas. Cobró un pinchazo antes de enterrar la estocada.
Al cuarto, un picador de nombre José Antonio Murillo le propinó dos puyazos criminales en la mismísima paletilla que el animal acusaría notablemente más tarde. Una actuación de vergüenza, infame y nefasta. Posteriormente, Alberto Serrano dejó dos pares soberbios, destacando el segundo al sesgo de dentro afuera, supliendo con solvente torería las complicaciones que presentó el de Escolar. Tuvo cierta calidad el astado cuando Pérez lo traía enganchado desde delante, cogiéndole el pulso con la diestra hasta estructurar una serie de notable mérito. Se alargó en exceso el novillero, aunque firmó una actuación digna para su escaso bagaje antes de volver a atascarse con la tizona.
El segundo propició una lidia trabajosa, buscando de continuo la querencia y rehuyendo la pelea. Alberto Donaire estuvo muy firme y limpio frente a esa acentuada mansedumbre, extrayendo templados pasajes a tenor del medio muletazo que ofrecía el astado y aprovechando un buen embroque que el de Escolar deslucía al salir con la cara alta. Dejó una estocada trasera al segundo intento.
Lo más destacado de la jornada llevaría la firma del propio Donaire ante el quinto, a base de correr extraordinariamente la mano izquierda y rematar los naturales tras la cadera. Brotó una labor rebozada en pureza, citando de frente y componiendo algunas series a pies juntos. Destacaron tres tandas de enorme relieve que resultaron de indiscutible nota. La espada aterrizó trasera y caída, privándole de amarrar una oreja a un novillo enclasado.
Había humillado el tercero en el eficaz recibo capotero de Emiliano Ortega. Sin embargo, la lidia posterior resultó desordenada y cargada de capotazos, castigándose severamente al cárdeno en varas, donde se dejó pegar en el primer encuentro para emplearse con más celo en el segundo. El novillero azteca acusó su escaso bagaje, mostrándose ayuno de poso e ideas. Sacó picante el de Escolar en la franela, humillando y exigiendo todo por abajo; cuando Ortega logró llevarlo tapado y sometido, el astado tomó el engaño con notable clase. Novillo encastado ante el que Ortega derrochó voluntad, aunque tras un sinfín de pinchazos dejó un feo bajonazo.
Del sexto se va a acordar el mexicano durante el resto de su vida. En una novillada de Escolar donde raramente abundó la nobleza, el cierraplaza encarnó la alimaña de peligro sordo, orientado y repleto de dureza. Un auténtico prenda con un doctorado en latín, midiendo constantemente y buscando la carne sin concesión. Anduvo a la deriva el bisoño espada, que tuvo la fortuna de que el novillo terminó echándose ante la imposibilidad de finiquitarlo con la espada.
LA RESEÑA
Plaza de Toros “La Sagra”, Villaseca de la Saga. 6ª de abono de el XXVI Alfarero de Oro. Miércoles 9 de septiembre de 2026. ¾ de plaza.
Novillos de José Escolar ⚪🔴: bien presentados y astifinos, nobles a excepción de la alimaña que hizo de sexto.
Daniel Pérez (carmesí y oro), ovación en ambos.
Alberto Donaire (azul purísima y oro con los cabos negros), ovación en ambos.
Emiliano Ortega (gris plomo y azabache y oro), silencio tras aviso y silencio.
Notas: se interpretaron los acordes del Himno Nacional de España al finalizar el paseíllo.
Se desmonteró Alberto Serrano tras parear al cuarto.
Escrito por Álvaro Cabello de la Haba